Por Javier Rodríguez Ten //

_________________________________________________________________________________________

La Resolución no es extensa porque realmente no lo precisa. Inicialmente expone que los argumentos del Atlético de Madrid no niegan realmente los hechos, sino que tratan de concentrarlos a fin de que se considere que forman parte de una misma conducta (lo que implicaría castigarlos con la sanción prevista en su máxima extensión, previsiblemente protestas – de dos a tres partidos – y/o menosprecio – de dos a tres partidos, en cuyo caso sea una sanción o sean dos se cumplirían únicamente en las Supercopas).

 

Negando dicha opción, la Resolución separa las conductas y procede a calificarlas y sancionarlas separadamente.

 

En primer lugar, por las protestas determinantes de la expulsión impone dos partidos de sanción (art. 120 CDRFEF), que era lo previsible y lo que adelantamos. La sanción mínima aplicable (el castigo no es de uno a tres partidos, es de dos a tres partidos).

 

En segundo lugar, por los golpes en la cabeza se aplica impecablemente el art. 96 CDRFEF, que parece redactado a propósito para el caso («“producirse, en general, mediante otras actitudes hacia los árbitros que, por sólo ser levemente violentas, no acrediten ánimo agresivo por parte del agente»), y en su grado mínimo (cuatro partidos). Ello implica que esta sanción no sólo se cumple en la Supercopa. Era evidente que la conducta excedía del «menosprecio», pensado para conductas verbales o gestuales en las que no exista un contacto físico como el efectuado, pero había quien defendía dicha calificación. La gradación mínima parece correcta atendiendo a que fue un hecho puntual, doble pero consecutivo, con escasa fuerza, en que el entrenador cesa por sí mismo tras llamar la atención del cuarto árbitro, al que parece exigir así que le preste atención. No hace falta más, y en el ámbito profesional una sanción de cuatro partidos es importante. Tampoco estoy de acuerdo con los que pedían mucho más rigor.

 

La tercera sanción, por un partido, viene por las palmadas de después. Se ha considerado que constituyen una infracción contra el decoro deportivo, y por ello impone el castigo mínimo del art. 122 CDRFEF. Podría perfectamente haberse reconducido a una nueva actitud de protesta ostensible por una decisión arbitral (la expulsión), imponiéndose de nuevo entre dos y tres partidos, que puede fuera incluso más adecuado, pero tampoco nos parece mal el criterio adoptado. Es opinable y por lo tanto no se puede hablar en ningún momento de un error, sino de una interpretación del Código disciplinario perfectamente defendible y respetable. A destacar que esta actitud, inmediatamente posterior a las infracciones, sirve para contrarrestar los intentos del club colchonero de alegar arrepentimiento por las posteriores declaraciones del entrenador, ya que ese arrepentimiento debió mostrarse en aquel momento y no después, y en vez de disculparse procedió a manifestar su disconformidad con las palmadas.

 

Finalmente, por permanecer en la grada durante casi todo el resto del tiempo (y en el túnel de vestuarios, mirando por debajo de la publicidad), en vez de irse al vestuario, se impone un partido de suspensión, en aplicación del art. 114.3. En este apartado puede entenderse que se ha podido estar algo «generoso» con el técnico atlético, toda vez que el castigo previsto es de uno a tres partidos, y si tenemos en cuenta las dos circunstancias concurrentes (que fue advertido expresamente, y que además estuvo muchos, muchísimos minutos incumpliendo la obligación impuesta por el código disciplinario, pese a que, hay que decirlo, nos parece algo excesivo que el entrenador expulsado deba encerrarse en el vestuario hasta el final del encuentro), una sanción de dos encuentros al menos parecía más apropiada a nivel de gradación.

 

En conclusión, una resolución impecable en lo importante (la calificación y gradación de los dos leves golpes en la cabeza al cuarto árbitro) y en el castigo de las protestas determinantes del resto de incidencias, y que podría ser objeto de algún debate menor en cuanto a la calificación jurídica de las palmadas y la gradación del incumplimiento de la obligación de irse al vestuario. Aunque estas últimas dos sanciones de un partido (a cumplir primero los dos partidos por la protesta) queden, tal y como hemos comentado hace algunos días, para… cuando el Atlético de Madrid juegue su segunda Supercopa a partir de ahora, siempre que Simeone siga en el banquillo. En el mejor de los casos, en ¡agosto de 2016! Visto lo visto… A lo mejor es preferible lo acordado, a algún partido más a cumplir… ¡en agosto de 2017! 

 

En cualquier caso, sigo creyendo que el art. 56 CDRFEF debe modificarse para evitar dicho efecto (si se hubieran impuesto tres partidos por los golpes en la cabeza, como menosprecio, en vez de cuatro por leve acto violento, el último de esta resolución se cumpliría en la Supercopa de agosto de 2018). 

 

TEXTO ÍNTEGRO DE LA RESOLUCIÓN

Por IUSPORT

Si continúa navegando acepta nuestra polìtica de cookies    Más información
Privacidad