Por Javier Rodríguez Ten //
_________________________________________________________________________________________
Marcelino Maté, Presidente de la Federación de Fútbol de Castilla y León, difunde a los cuatro vientos, vía prensa, que ha tenido que inscribir al Salmantino contra su voluntad. «Yo no quería, me obligaron». Nos consta; lo sabemos. No pasa nada, tranquilo. Lo entendemos y le apoyamos.
No conozco personalmente a Marcelino Maté, y nada tengo contra él. Cuando una persona reitera mandatos al frente de una organización que elige democráticamente a sus dirigentes es cuanto menos inteligente. Sí además ocupa algunos cargos institucionales en otras organizaciones (Comisión de clubes de segunda B en la RFEF; Comisión de licencias de UEFA), es que es fiable y fiel para quien le propone o nombra (en este caso, Ángel Villar).
El problema es que interesa vender que FIFA quiere expulsar a España por culpa del Auto del Salmantino, para crear presión en orden a poder revocar la inscripción como sea, a evitar que esto se vuelva a producir y a impedir que se ordene lo propio con el Salamanca Athletic, y para ello hay que estar recordándolo y aireándolo continuamente. Esto ya lo hemos vivido (ergo algo falla en Matrix): se provoca el incendio (es decir, se traslada a FIFA), se generan las consecuencias buscadas (fíjate la que se puede liar, porque me han dicho que…) y a continuación se esconde la mano. Cosas peores han acaecido y no han interesado a FIFA: ¿recuerdan el culebrón del año pasado, y no pasó nada? ¿o es que Blatter veranea en la costa de Orihuela?
Llegados a este punto, creo que puedo facilitar al Sr. Maté la defensa de su Federación autonómica frente a la RFEF. Y no aludiendo al argumento obvio de que cumplir una resolución judicial nunca puede generar una medida sancionadora o excluyente por parte de una persona jurídica también domiciliada en España (sería nulo de pleno Derecho, como todos sabemos, y también el Sr. Maté). Sino a que parece olvidarse un ligero matiz en todo esto: que la Tercera división es una competición NACIONAL, es decir, «propiedad» de la RFEF, que sólo por delegación gestionan las Federaciones autonómicas. Así que… o antes de hacer lo que no se quería el Sr. Maté se debió inhibir y remitir la cuestión a la RFEF, para que fuera ésta la que se avocara el asunto y resolviera (es decir, que fuera la RFEF la que dijera que no al Juez y «apechugara» con lo que fuera), o ahora debe levantar el brazo y recordar esta circunstancia, dado que nada impide que la RFEF ponga mañana fin a la delegación, pase a gestionar el grupo castellano-leonés de Tercera División directamente y haga lo que mejor le parezca con el Salmantino… asumiendo las consecuencias ante el Juez, claro. Pero es que la RFEF habría hecho lo mismo, como no puede ser de otro modo: con ocasión del primer concurso de acreedores, el de la UD Las Palmas, acató los autos desde que incorporaron la posible exigencia de responsabilidades penales en el supuesto de no hacerlo; debe ser que por entonces Havelange pasaba los veranos en Maspalomas, porque tampoco pasó nada.
Siendo las cosas como he expresado, asumir íntegra y sumisamente la culpa para que el hipotético y forzado problema no sea FIFA-RFEF (que no lo va a ser) sino RFEF-FFCL (que en todo caso lo va a ser de cara a la galería, porque el resultado lo sabemos todos), no tiene fundamento y no es una buena estrategia, que además le pueden echar en cara los clubes y deportistas castellanoleoneses. Es mi opinión. Puedo estar equivocado.
Aclaración: mi parecer no dista tanto del de la RFEF en este asunto, aunque no de estas formas. Lo correcto es tragarse este «sapo» y regular la cuestión para el futuro. La forma de hacerlo podría ser que en la Ley del deporte (para evitar problemas de rango) constara expresamente que los derechos de participación en las competiciones son res extra comercium y por ello intransferibles, o que son propiedad del organizador de la competición y no de quienes los aprovechan por su mérito deportivo, por lo que no cabría negociar con ellos. Por ahí deben ir las cosas. Creo.
