Por Javier Rodríguez Ten //
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En un episodio de las series Los Serrano o Manolito gafotas (no lo recuerdo bien, será ya la edad) el niño estaba haciendo una prueba en un equipo de fútbol y el padre le gritó que no diera al balón con la cabeza, que estaba estudiando…
Ahora leemos que en Estados Unidos, la Federación de fútbol va a prohibir los remates de cabeza a los niños menores de diez años por posibles daños neuronales (y de 11 a 13 años sólo en los entrenamientos), que se van a adaptar las reglas de juego, que no se está protegiendo adecuadamente la salud de los más pequeños…
Realmente llama la atención el esperpento montado (como siempre) por los abogados de algún pobre niño que haya sufrido un problema puntual y que haya solicitado (incluso obtenido) una indemnización multimillonaria. Ya sabemos que en Estados Unidos tropezar en la acera puede suponer obtener cientos de miles de dólares, o quemarte con el café con leche ser más rentable que te toque la primitiva. Ellos son así.
La cosa es mucho más curiosa si analizamos los deportes que gustan por aquellos lares. A salvo del baloncesto, a cual más bestia (con perdón). Exagerando el tema (como lo hacen ellos), pero con una punta de razón, el béisbol, a pelotazo limpio (riesgo de daños en el hombro del que lanza y en la cara del que recibe), con carreras explosivas en las que terminan tirándose como posesos (esguinces, fracturas). En el hockey, pues eso. Y en el fútbol americano qué quieren que les cuente. Será que como ahí llevan casco…
Esa puede ser la solución. Fútbol con casco, y ya está. Como todos lo llevan, pues no debe pasar nada, a no ser que sea vikingo porque puede pinchar el balón. Así se juega al rugby, ¿no?
Me da a mí que siguiendo ese patrón, nos quedamos sin deporte profesional. O sin deporte. Porque las largas etapas de los ciclistas no pueden ser nada sanas, todas las horas de entrenamiento de gimnastas y atletas posiblemente afectan a la estructura músculo – esquelética, los levantamientos de peso no es que parezcan especialmente beneficiosos para el organismo…
Eso sí, la hamburguesa y el perrito caliente, o los sándwiches de manteca de cacahuete y los refrescos de cola… sin pegas. Esos sin casco. O igual es que a quien haga un estudio que afecte a las grandes ligas americanas (el fútbol no lo es) o a los elementos distintivos del estilo de vida americano lo mandan a Guantánamo (es broma y figurado, ¿eh?).
(P.D. He revisado la Wikipedia y, sorprendentemente para los americanos, Santillana sigue vivo)
