Por José Miguel Fraguela //

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La contundente reacción de Javier Tebas el pasado jueves tras la frustrada reunión con el ministro José Ignacio Wert, por inasistencia de representante alguno de la RFEF, invitaba a pensar en una ruptura de relaciones entre ambas organizaciones que no se ha producido.

En nuestra columna del día 29 avanzábamos que una mera suspensión de relaciones entre ambas organizaciones supondría a su vez un bloqueo de las propias competiciones. La RFEF haría valer sus competencias en diversos órdenes, entre ellos la validación de licencias y de resultados, o la designación de árbitros y la disciplina deportiva, entre otras.

De la lectura del comunicado de la Liga se desprende que esta observación ha sido determinante en los acuerdos adoptados este lunes.

La Asamblea de la Liga se ha limitado a «respaldar» la gestión llevada a cabo por su Presidente; a «reprobar» la actitud de Ángel Villar; a «requerir» a la RFEF para que cumpla lo pactado el 6 de marzo sobre el Real Decreto-Ley audiovisual; y, finalmente, a instar al Gobierno para que a su vez  le «requiera para que modifique inmediatamente su posición por el bien del fútbol español».

¿Qué ha pasado entonces? Pues que se impuso la «realpolitik», término acuñado por el escritor alemán Ludwig von Rochau en 1853 al criticar la falta de “realismo” en la política.

Sencillamente, los clubes estaban persuadidos de que una ruptura con la RFEF sería como matar a la gallina de los huevos de oro. Se produciría una parálisis de las propias competiciones de la Liga, Primera y Segunda A, lo cual sería más perjudicial para sus intereses que los beneficios a lograr con la venta centralizada de los derechos audiovisuales.

Es obvio que Liga y Federación están condenadas a entenderse, la una no se sostiene sin la otra, siendo la Liga, ope legis, la parte más débil. Tanto los estatutos de la FIFA como la legislación española confieren a La RFEF la titularidad de todas las competiciones, si bien, en el caso de las  profesionales, delega su organización en la patronal, pero reservándose determinadas funciones que ya hemos referido.

Todo ello se concreta luego en un convenio de coordinación, como el vigente, cuya mera suspensión aterra a los clubes.

Así, pues, nada nuevo bajo el sistema solar. Todo esto ya se daba por entendido, como el valor en la milicia, por lo que cabe concluir que esta asamblea de la Liga bien pudieron habérsela ahorrado.

 

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