Por Blas López-Angulo //

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Zaragoza, Mallorca, Elche, Valladolid, Oviedo, Córdoba, Almería, Tenerife, Albacete, Osasuna y Alavés, la mitad de los equipos que compiten en La Liga Adelante, disponen de una amplia masa social o cuando menos corresponden a ciudades con la suficiente población como para contar con ella o los recursos idóneos como para volver a la División de Honor.

 

El año pasado lo consiguieron el Betis y el Sporting, ambos ubicados en ciudades que rezuman fútbol y parroquianos hasta los extremos del paroxismo. Cuando de las taquillas dependían los ingresos -decía Tebas el otro día en ¡el Paraninfo de la Universidad de Granada!- la diferencia económica entre los clubes era mayor. En Primera dos equipos reunían y reúnen en sus estadios cerca de cien mil espectadores por lo que la proporción con otros campos es aún mayor.

 

Fíjense en Anduva, el Anxo Carro, el Alto de Santo Domingo, El Alcoraz o Butarque, el del Llagostera que ni siquiera tiene campo propio apto para La Liga Profesional, el Toralín, Los Pajaritos, Montilivi…La otra mitad de Segunda no pasa de una media en muchos de sus estadios de 2000-3000 espectadores. Algunos clubes de los nombrados al principio en cambio rozan los veinte mil, por lo que la desigualdad es bastante más grande que la derivada del reparto de los derechos televisivos centralizados, principal fuente recaudatoria en la actualidad, que precisamente en Segunda tiende a la igualdad.

 

Estos derechos audiovisuales suponen hoy el 68% de los ingresos en el fútbol profesional, a excepción del Barça y Real Madrid, verdaderas multinacionales con muchos más recursos, en torno a un tercio. Resultado: el Córdoba situado en lo alto de la tabla ofrece un saldo mediocre de goles y favorable por solo una unidad. El máximo equipo goleador de la categoría, también llamada de plata, y con mejor golaveraje responde al gentilicio de una ciudad modesta, Mirandés. Hace año y medio otro modesto, el Eibar, completó el doble salto continuo ascendiendo de la 2ª B a la 1ª. En cuanto a los registros anotadores del Barça y del Real Madrid, efectivamente no tienen nada que ver con el resto. Como si compitieran en otra Liga.

 

¿Qué ocurría antes? Que las ciudades grandes se imponían a las pequeñas. Lo natural. Y si añadimos que se podían permitir gastar a manos llenas y pagar a discreción, por usar un inocuo eufemismo, los resultados también eran evidentes. Podían fichar a las estrellas emergentes, rutilantes, rucias o semovientes. Daba igual, la responsabilidad era mínima, la afición lo aplaudía y si las cuentas no salían, pues cada temporada cuentos nuevos.

 

¿Por qué entonces los equipos de las grandes ciudades están muchos en horas bajas o indultados? Vean al Racing de Santander en 2ª B y sancionado a puestos de descenso a Tercera. O al Sporting, que de no haber ascendido sus impagos y deudas tal vez le hubieran arrastrado a esos mismos abismos. Los tiempos están cambiando. La Ley del Deporte está vigente desde 1990 y desde ese año delega en la patronal de los clubes la potestad reguladora de las competiciones profesionales.

 

Un año después un Decreto permitía auditar las cuentas de las nuevas SAD con la supervisión del Consejo Superior de Deportes. Pero en 1996 se perdió una hermosa oportunidad de poner orden al no hacer cumplir esa misma ley por la que Sevilla y Celta fueron descendidos administrativamente a Segunda División. Se cambiaron las normas para salvarlos cediendo a la presión popular e institucional.

 

Me dirán que debería prevalecer lo obtenido deportivamente sobre los terrenos de campo. Otras veces ya he objetado que nada más falso. Los tramposos, los partidarios de la omertà, obtenían ventajas fichando y no pagando y luego exigían silencio para no manchar la buena estrella del fútbol. La suya, no faltaba más. Esa estrella se estrelló -el fútbol no podía seguir viviendo ajeno a la crisis- hace apenas dos años porque los tiempos están cambiando:

Venid escritores y críticos/que profetizáis con vuestra pluma/y mantened los ojos bien abiertos, /la ocasión no se repetirá, y no habléis demasiado pronto /pues la ruleta todavía /está girando /y no ha nombrado quién/es el elegido /porque el perdedor ahora/será el ganador más tarde /porque los tiempos están cambiando.  

 

Hace 2 años y medio, recordó Tebas en el marco universitario señalado, que LaLiga decidió cumplir la referida ley: “tutelar, controlar y supervisar la situación económica de los clubes”. 50 expedientes abiertos. Hemos visto caer el dopaje deportivo del Murcia y del Elche. Asistiremos a otros porque los tiempos están cambiando: no vemos a estrellas en los campos de Segunda, pero vemos a equipos que son fruto del laborioso trabajo, como esta tarde Numancia y Mirandés.                                                                         

(Publicado hoy en Diario de Soria/El Mundo)

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