Por José Miguel Fraguela //

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Varios son los ámbitos en los que habrán de depurarse las responsabilidades sobre el estado actual de catarsis en que se halla sumida la FIFA, que está a punto de llevarse por delante también a la UEFA y quizá algo más.

 

Pero hay uno que hasta ahora ha sido obviado, quizá por la falsa aureola de organización supra estatal creada interesadamente por los dirigentes internacionales del deporte sobre sus organizaciones.

 

Hace algún tiempo ironizábamos en IUSPORT, en un alarde de «ius ficción», acerca de un futurible Estado llamado FIFA, no tanto por creer que ello es viable, que lo negamos, sino porque hace tiempo que la FIFA -en especial- se comporta como una organización multinacional al margen de las reglas de un Estado de derecho y aquí surgen preguntas básicas: ¿Qué es en puridad la FIFA? ¿Quién le ha dado carta de naturaleza? ¿A qué leyes está sometida? ¿Ante quién responden judicialmente sus dirigentes?

 

Viene esto a cuento porque, como saben todos los estudiosos de estos temas, la FIFA es una asociación de derecho privado inscrita en el registro público correspondiente de Suiza, Estado a cuya tutela queda sometida desde el momento de su inscripción registral.  

 

Y aquí surge la pregunta que da título a esta columna: ¿ha cumplido Suiza como Estado los deberes propios del ejercicio de la potestad de tutela que ostenta respecto a las asociaciones internacionales PRIVADAS radicadas en su territorio?

 

Los hechos demuestran que la Confederación Helvética ha mirado para otro lado. No es entendible que después de tantos años con denuncias sobre corrupción, las autoridades suizas tuviesen que esperar por otro Estado (EEUU) para decidirse a actuar.

 

Recuérdese que fue la Fiscal general de EEUU la que dio inicio a las diligencias que desembocaron en la detención de dirigentes de la FIFA en Suiza y que sólo después de esa acción se puso en marcha la Fiscalía helvética.

 

Pero no nos referimos a la vigilancia penal, que siempre llega tarde, sino a las potestades administrativas de tutela. ¿Qué ha hecho el gobierno de Suiza, su Administración deportiva en concreto, para fiscalizar la actuación de la FIFA, de la UEFA y del resto de organizaciones internacionales del deporte domiciliadas en su espacio territorial? ¿Cuántas veces les ha pedido las cuentas anuales? ¿Cuántas auditorías ha ordenado el gobierno helvético sobre estas organizaciones? Y así un largo listado de acciones públicas que se encuadran dentro de las facultades de tutela de la Administración Pública.

 

Desde luego, si el gobierno suizo ha llevado a cabo esas acciones, primero no se han dado a conocer, y segundo, no parece que fueran hechas a conciencia a la vista de estado catatónico en que se encuentra sumida la FIFA.

 

Diligencias penales en EEUU, en Suiza y en diversos países latinoamericanos. Expediente disciplinario del Comité de Ética sobre varios dirigentes, entre ellos el presidente y vicepresidente de la FIFA, ahí es nada.

 

Y en el horizonte, unas elecciones trascendentales. Las primeras tras el estallido de la mayor crisis padecida por el establishment del fútbol mundial.

 

¿Realmente está la FIFA para unas elecciones con la que está cayendo? ¿Hay tiempo material para que se limpie la imagen del candidato que estaba mejor situado, Platini? ¿Hay tiempo suficiente para que los candidatos puedan exponer sus programas y puedan contrastarse?

 

Nos parece que no. Lo propio sería designar un órgano de gobierno provisional integrado por personas de prestigio indubitado ajenas a la organización, y que se aplazaran las elecciones unos meses, los necesarios para que se depuren las responsabilidades o, al menos, no entremos en otra fase en la que se cuestione la honorabilidad de un candidato que incluso podría ganar, con lo que el presidente electo estaría nuevamente cuestionado (Platini).

 

Es improbable, por mucho que Infantino confíe en la celeridad y equidad del TAS, que este resuelva sobre el fondo de las acusaciones a Platini antes del 26 de febrero. Primero debe fallar el Comité de Ética y esto lleva tiempo.

 

Pero incluso en el supuesto de que llegue a tiempo el TAS y falle a favor de Platini, ello no le libra de una previsible imputación a corto plazo por parte de la justicia suiza.

 

Recuérdese la declaración del Fiscal general de la Confederación Helvética, Michael Lauber, el pasado 30 de septiembre, en las que situaba a Michel Platini «entre testigo y acusado». Esto, por los dos millones que le pagó Blatter en 2011 por servicios supuestamente realizados diez años antes. Según la Fiscalía suiza este pago se hizo en perjuicio de los intereses de la organización mundial. Si esta tesis prospera, cosa que decidirá la futura sentencia, Platini no puede salir indemne. Sería coautor del ilícito penal.

 

Esto nos parece un elemento de suficiente entidad que empaña el proyecto hacia la presidencia de la FIFA del dirigente galo y le inhabilita -por ahora, políticamente- para acceder a la presidencia de la FIFA.

 

Es más, le inhabilita -políticamente- para continuar al frente de la propia UEFA.

 

Y el hilo conductor nos lleva de nuevo a Suiza. ¿Qué hace el gobierno suizo ahora mismo para encauzar esta situación? ¿O pretende que venga otra vez Loretta Lynch, Fiscal general de EEUU, a resolverlo?

 

Por IUSPORT

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