Por Blas López-Angulo //
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El otro día comentábamos las posibilidades de las nuevas tecnologías en aquellos lugares más arrinconados y en categorías modestas, aunque en el fútbol los focos y las cámaras se instalan hasta en el último andurrial. Otros deportes menos seguidos se prestan mejor al engaño. Imaginemos a un pastor que está frente a su smartphone, en la tierra de Campos de Palencia, pongamos por caso. Una escena siempre bucólica.
Ese señor puede estar apostando el tanteo del primer set de un partido del circuito ITF del tenis femenino de un match que se juega en Turquía entre una sueca y una rusa, mientras se deleita con las largas piernas de ambas.
La primera es favorita, y gana 6-2. Ocupa el puesto 382 del ranking de la ATP y lleva en sus 8 años más de 200 victorias por 160 derrotas. Su rival, en el puesto 1053, en 5 años, solo cuenta una docena de triunfos. Sin embargo, este lugareño sin tomar sustancias estupefacientes decide apostar el segundo set y el partido por ella. Y lo hace en cada apuesta llegando al máximo de liquidez permitida. De esta forma obtiene unas ganancias hasta diez veces mayores que si la favorita venciera el torneo. ¿Puro azar?
No, tal vez conoce a su entrenador, que es de Logroño, y entre los tres se repartan la tarta. No hacen falta más actores. Negocio sencillo y redondo. Un logroñés errante, una discípula errática y un apacible pastor, que antes rellenaba las casillas de la quiniela en la tasca del pueblo. Como tantos otros prefiere no tener que esperar 4 días a que terminen los partidos.
Hace diez años el fútbol belga se estremeció ante el control de un empresario chino que se encargaba de comprar clubes con problemas económicos para manejarlos después a su antojo en el mercado de apuestas. En otro pequeño país, Grecia, a pesar de ocupar a diario la actualidad política y financiera, sus categorías perdidas también ofrecen buenos réditos para gente inquieta.
Les confesaré un pequeño secreto: yo sigo de la tercera a varios clubes, tan solo por lo inigualable de sus nombres y como viejo estudiante de lenguas clásicas: Ethnikos Filippiadas, el del Pireo, Doxa Drama, Achilleas, Oikonomos, Byzantio, Aris Akropotamos. O el Tritón, el Argostolikós y el Anamórfosis de Trípoli, el Intrépido de Sfakiá y el CF Jasón y CF Proteo. Me temo que todos estos últimos solo existen en las novelas policíacas de Petros Márkaris. Un autor heleno de éxito mundial. A través del teniente Jaritos descubrimos muchos aspectos de la sociedad griega. En Defensa Cerrada (1998), el despilfarro en el fútbol y su uso como tapadera. Algo muy común.
– Casi todos los propietarios de equipos de tercera no tienen el menor interés en ganar la liga ni en ascender de división. Lo principal es que los equipos mantengan una posición media, lo cual permite demostrar las pérdidas económicas y nos concede el derecho a subvenciones. Al tener equipos deficitarios, nos permite desgravar impuestos. Así me ahorro el doble o el triple de lo que me cuesta el equipo.
– En ese caso –inquiere Jaritos-, ¿porqué regañaba a sus jugadores por haber perdido un partido?
– Es todo puro teatro. Sé muy bien que no pueden ganar. Por eso les elegí. El secreto consiste en elegir a un entrenador mediocre, o incluso malo, incapaz de ganar una liga. En cuanto a los jugadores no es preciso pagarles con regularidad. Les basta con el sueño de que algún representante de un gran equipo se fije en ellos y les permita jugar en primera, aunque muy pocos lo consiguen.
– Es todo puro teatro. Sé muy bien que no pueden ganar. Por eso les elegí. El secreto consiste en elegir a un entrenador mediocre, o incluso malo, incapaz de ganar una liga. En cuanto a los jugadores no es preciso pagarles con regularidad. Les basta con el sueño de que algún representante de un gran equipo se fije en ellos y les permita jugar en primera, aunque muy pocos lo consiguen.
El teniente, según avanzan sus pesquisas, llega a la convicción de que este presidente era el amo de toda la tercera división. Podía dar la liga a un equipo, mandar a otro al descenso y decidir quién perdía o ganaba un partido. Como el pastor, la tenista o uno de Logroño.
(Publicado en el Diario de Soria)
