Por José Miguel Fraguela //

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Ayer dábamos en primicia en IUSPORT el texto íntegro del informe interno (casi secreto) elaborado en el Gobierno de Canarias sobre una eventual llegada del expresidente del Gobierno Paulino Rivero a la presidencia del Club Deportivo Tenerife.

 

Establecida la causa de incompatibilidad legal sobrevenida, según el informe de marras, surgen otras preguntas.

 

¿Es estético que un expresidente de un gobierno, a los pocos meses de cesar en el cargo, acceda a la presidencia de un club deportivo profesional? Aunque no se conocen precedentes en el territorio español, si así ocurriera, y las cosas se tuercen porque «no entra la pelotita»,  ¿a quién pitarían los aficionados?; ¿al presidente del club o al expresidente del Gobierno de Canarias?

 

Por mucho que se quisiera deslindar ambas esferas, en la práctica es tarea casi imposible. No parece que la presidencia en un club de élite, sometido a una gran presión social, case muy bien con el status de un expresidente.  

 

Y desde el punto de vista ético, más allá de la posible causa de incompatibilidad legal sobrevenida, ¿es razonable que quien fuera titular del área de turismo del Gobierno asuma la presidencia de un club al que patrocinó generosamente hace escasos meses?

 

Creemos que no. La llegada de Paulino Rivero a la presidencia del CD Tenerife chirría también desde este punto de vista.  

 

La gestión de un club privado corresponde por naturaleza a la sociedad civil y la presencia de un expresidente de Gobierno distorsiona el funcionamiento de la propia sociedad al punto de poner en solfa la necesaria neutralidad de la entidad deportiva ante aquella y ante las instituciones públicas.

 

Pero hay un tercer escalón. Conviene recordar que un club de futbol de este nivel está también en el centro de intereses de las empresas de comunicación. Baste citar el seguimiento que hacen los medios, día a día, casi minuto a minuto, de todo lo que concierne a estos clubes. No en vano, cuando un club asciende, como aconteció recientemente con la UD Las Palmas, también «ascienden» los mass media que le siguen.

 

Desde este punto de vista, ¿cuál sería la relación del club presidido por Rivero con los medios?; ¿la que tenía este siendo titular del Gobierno?

 

De ser así, más negro se vislumbra el panorama. ¿Cuál va a ser la política de comunicación del club ante medios con los que el Gobierno mantiene contenciosos por decisiones adoptadas o impulsadas por el propio Rivero?; ¿va a obstaculizar a algunos medios que no le eras afines el acceso a la información del club?

 

En fin, esperemos que los empresarios que controlan el capital del CD Tenerife reflexionen y por el bien de la entidad deportiva desistan de la idea de aupar a Paulino Rivero a la presidencia del club.

Por IUSPORT

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