Por José Miguel Fraguela //
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El todavía presidente de la FIFA, Joseph Blatter, sigue ere que ere en aferrarse al inmenso poder que proporciona la presidencia de la supra organización mundial del fútbol.
Su último clavo al que asirse ha sido la división existente entre los grandes patrocinadores, que son los que alimentan al «monstruo» en que se ha convertido la FIFA, para afirmar que no tiene por qué abandonar su puesto hasta las elecciones de febrero. Carrera electoral, por cierto, para la que ya ha eliminado a su otrora aliado y hoy enemigo íntimo, Michel Platini, justo el dirigente que todos daban ya por próximo presidente.
Y es que no todos los patrocinadores han seguido la estela de Coca-Cola, McDonald’s y Visa, tres influyentes patrocinadores de la FIFA que ayer exigieron al suizo Joseph Blatter su inmediata renuncia a la presidencia de la entidad, tras ser imputado por la Justicia de su país por el escándalo de presuntos sobornos y comisiones ilegales.
Otros dos de los grandes, Adidas y Kia Motors, no plantean tal exigencia al todopoderoso Blatter, negándose a hacer comentario alguno sobre la imputación del presidente, ahí es nada.
Recuérdese que la marca alemana ha provisto del balón oficial de todos los Mundiales desde 1970. Y que recuérdese asimismo que la multinacional coreana ha sido patrocinador de la FIFA, junto con su filial corporativa Hyndai, desde 1999.
En fin, otra pirueta del astuto ciudadano suizo que navega contracorriente desde el mes de mayo pasado, cuando la justicia suiza ordenó las detenciones de varios compañeros de viaje.
Como expusimos en otra columna, Blatter se ha conjurado para «morir» «matando». Su declaración a la fiscalía suiza acerca de los dos millones pagados a Platini en 2011 por trabajos no concretados realizados a finales de los noventa, han arrojado al francés a los cocodrilos, con escasas posibilidades de recuperarse de aquí a febrero.
Pero no se conforma Blatter con este asesinato de imagen perfectamente calculado. Su estrategia de fondo, que se auto impuso en mayo es dejarlo todo atado y bien atado. Lo tiene claro. El dirigente suizo sabe que desde dentro tendrá muchísimos más recursos de toda índole para intentar que el congreso de febrero elija a quién él patrocine. Ya veremos si lo consigue.
