Por Blas López-Angulo //

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Oía mucho a mi madre eso de cero en conducta. Y también en doctrina. Ambas cosas eran consustanciales en una época que se alargó hasta hace poco.

La mítica película de Jean Vigo “Zéro de conduite” (1933) fue prohibida durante años en Francia. Aquí jamás llegó a estrenarse. Llevado el título a la comedia Vittorio de Sica estrenó en 1940 “Maddalena…zero in condotta” escrita por Lászlo Kadar, según las reglas del cine de los teléfonos blancos, una imitación de las screwball*comedies americanas en que personajes de la burguesía vivían ligeras situaciones de enredo.

 

El nombre de estas películas de evasión se debe a que en ellas los personajes usaban teléfonos blancos, que eran por entonces un distintivo social. Una forma de remarcar que sus protagonistas pertenecían a un estrato social desconocido para el gran público y obviamente alejado de la triste realidad.

En España en el 46 tuvo lugar un remake. En realidad la película italiana era un remake de la original (1938) dirigido por Ladislao Vajda, uno de los húngaro que recaló en nuestro país, con la misma actriz Eva Dilian, ya con otro nombre Irasema, y dirigida por Fedor Ozep (o Fyodor Otsep, o Pedro Opzoup aquí, un auténtico zíngaro del cine. De la Unión Soviética viajó a Alemania y de allí a Francia, huyendo del auge del nazismo, dirigió una película en Gran Bretaña e, incluso, camino de Estados Unidos paró en España. Ya vemos que no solo lo hicieron Ladislao Kubala, Ferenc Puskas y Sandor Kocsis.

Pertenecer al mejor club del mundo es un distintivo blanco, sin embargo incapaz de desligar a parte de sus astros de sus marginales procedencias y turbias amistades: “con círculos de bandolerismo y de los bajos fondos», según publica el diario parisino Le Figaro.

En el campo la lucha por la vida, que diría el siempre reeditado Baroja, juega a su favor, fuera no. Benzema fuera tiene más que ver con otros tantos inmigrantes que se prodigan por los pasillos de plaza Castilla,  reincidentes conductores sin carné, etc.. Que se meten en líos o les meten porque su vida desde antes de nacer, o que les nacieran, era ya un puro lío.

Karim Mostafa Benzema en el campo cumple ese código de buena conducta necesaria para formar parte de los bleus, fuera sigue siendo un pied noir, aunque naciera en Lyon.

Se vende a los niños cromos Panini en que los jugadores pertenecen a un cuento de Disney, incluso añaden cinco con la ayuda de LaLiga, La Liga Profesional de Fútbol, para transmitir al futuro crack “los valores indispensables”, a saber: esfuerzo, juego limpio, antirracismo, respeto y solidaridad. Pero cuando vemos en el mismo campo la falta del respeto proclamado, del fair play, ¿qué nos queda fuera de esos héroes con pies de barro? Un Ronaldo, giocondo triste, enfurruñado consigo mismo, un Messi ensimismado o un Benzema despistado, digamos, para presumir su inocencia. Estamos por saber qué extraña solidaridad entretejía con su compañero Valbuena, separados cautelarmente de la selección francesa, no por decisión técnica sino judicial, que es vis principal.

Algo nuevamente a lo que no estamos acostumbrados acontezca en los devenires de la élite deportiva. Pero no ha de extrañarnos que de la justicia francesa y española (está citado para su enésimo Juicio Rápido el próximo 23 de noviembre) dependa ahora mismo el futuro profesional de Benzema, como lo estaría el de cualquier otro justiciable, y no solo profesional, es decir, está en juego su situación personal con posibles condenas, privativas incluso de libertad.

En  los campos, cierto, lamentaríamos profundamente su ausencia, donde su conducta es ejemplar, de superación (auténtico valor deportivo) y redención. Fuera, nos gustaría que los héroes respondieran a lo que de ellos inocentemente se espera.

Por IUSPORT

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