Por Javier Rodríguez Ten //
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Como en mis últimos artículos, a contracorriente, creo que lo de Miguel Cardenal no es para tanto, si lo analizamos con detenimiento. He tardado varios días en bajar al ruedo porque la prudencia exigía esperar todas las reacciones, incluso la del propio interesado, que se produjo en la Cadena SER.
Me da la impresión de que no se ha efectuado una correcta lectura entre líneas de las declaraciones. Tras la inicial loa al FC Barcelona (uno de nuestros grandes, en diferentes modalidades deportivas, el que más tiene en la alta competición), se procede a criticar la repercusión mediática y en ocasiones partidista que se está realizando sobre el caso Neymar, en claro perjuicio de una de las «locomotoras» de nuestro deporte. Hacer leña del árbol… que se ha inclinado un poco, que no caído.
Creo sinceramente, que lo que Miguel Cardenal quiso decir es que el hecho de que el FC Barcelona haya sido imputado no debe empañar a la institución como tal. Y algo lleva de razón, si no mucha. Por mucho que el legislador español se haya empeñado en criminalizar a las personas jurídicas hace poco tiempo (de ahí que sea la primera vez que se imputa a un club de fútbol como tal), lo cierto es que quienes delinquen son las personas físicas. A efectos penales, al FC Barcelona se le podría condenar por el caso Neymar, pero esa responsabilidad no sería achacable a la institución, sino a quienes actuaron de manera incorrecta en calidad de dirigentes de la misma en un momento dado. La institución actúa a través de personas, y los aciertos y errores son de éstas, no del club. Y por lo tanto no se pueden sacar las cosas de madre hacia la institución, aprovechando que el honor de las personas jurídicas es mucho más difícil de vulnerar; todas las acusaciones y descalificaciones deben tener por único objeto a quienes intervinieron en las operaciones en nombre del FC Barcelona, y respetando la presunción de inocencia, por difícil que parezca.
Partiendo de esta explicación, podemos discutir si las declaraciones fueron oportunas o no, si debieron enfatizar en esta circunstancia para que nadie se diera por ofendido… pero que el Barsa, como entidad que es, no debe ser puesto en el mismo cesto que quienes actuaron en la operación, parece justo. Responsabilidad penal sí, pero sin culpabilidad penal (que en rigor es de terceros), aunque suene incongruente.
