Por Juan de Dios Crespo Pérez //
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La cámara de investigación del Comité de Ética de FIFA ha cerrado, finalmente, el caso de los relojes Parmigiani.
Y es que, con ocasión del Mundial de Brasil, la CBF regaló 64 relojes a los miembros del Comité ejecutivo de FIFA y a otras personalidades de los 32 equipos participantes. Cuando se supo que cada relojito valía alrededor de 26.000 euros, se abrió un expediente por ese Comité de Ética.
Como era de suponer, dictaminó que un regalo de ese calibre no entraba dentro de lo que se supone es una dádiva de bienvenida, sino que se elevaba a un nivel inadecuado. Hubiera sido mucho más brasileño entregar un juego de hawaianas con los colores de la bandera de cada país, para disfrutar de las playas.
Sin embargo, los ideólogos de la CBF tuvieron sin duda en mente el latinajo de tempus fugit y nada mejor que un buen reloj para recordar que la vida fluye y que ha disfrutarse aquí y ahora. Un simple Swatch podía haber sido la respuesta a esa querencia de agasajar a los visitantes… Pero, los Parmigiani representaban una muestra de mayor respeto y fueron los elegidos. La Comisión de Ética no dudó en solicitar la devolución de todos los relojes.
Cual fue la sorpresa cuando solo se devolvieron 48 de los 64, pues o bien la CBF había contado mal o alguno se había olvidado retornar el regalazo. No se sabe qué ha podido pasar pero los éticos han pensado que debía cerrarse el libro de los relojes y archivar la causa sin abrir expediente a ninguno de los homenajeados.
Con los 48 relojes supervivientes en su poder, el Comité de Ética ha dado muestra de su bondad y los ha entregado a la ONG streetfootballworld que apadrina el fútbol en la calle y que con la venta de los mismos financiará el fútbol base brasileño.
No entraré en temas fiscales, pero un regalo luego donado a una ONG quizá evitará los problemas de impuestos que los relojes pudieran suponer tanto a la FIFA como a la propia ONG. De momento, se han quitado un problema de encima y los receptores de los relojes un peso también, tanto por obviar una sanción como como por el propio peso real que dañaba a las muñecas fifescas.
A todos nos gusta que nos regalen cosas y me alegro de la devolución de los relojes, pero ¿cuánto se habrá quedado en manos de algunos afortunados en los últimos años? Y hablando de suerte, lean a la argentina Claudia Piñeiro y su deliciosa pero desgarradora novela ‘Una suerte pequeña’.
Nota del autor.- publicado en el diario Marca
