Pekín, 25 ago (EFE).- En medio de un terremoto bursátil que tiene como epicentro los mercados de China, Pekín ha visto estos días caídas en la cotización de otras acciones, las de los atletas que han decepcionado en lo que va de Mundial.
Esos valores no se intercambian sobre el parqué, sino sobre el tartán, y corresponden a gente como el francés Renaud Lavillenie, capaz de elevarse con una pértiga hasta alturas nunca antes vistas (6,16), el estadounidense Justin Gatlin, el hombre más rápido del año (9.74), o el keniano Dennis Kimetto, plusmarquista mundial de maratón (2h02;57).
Si fueran empresas, sus acciones irían hoy a la baja en los mercados por culpa de una participación mundialista que no ha cumplido con las expectativas.
La caída más estrepitosa de la bolsa atlética la ha protagonizado Lavillenie, que llegaba a Pekín avalado por el récord mundial arrebatado al mítico Sergey Bubka, una marca marciana establecida en 1993 y que parecía imposible para cualquier terrícola.
El francés, campeón olímpico, estaba dispuesto a asaltar el trono mundial que se le había escapado en sus dos intentos anteriores, pero en la capital china volvió a fallar -se tuvo que conformar con un bronce compartido- y sus acciones valen hoy menos que las de las petroleras estatales chinas.
También se las prometían muy felices en 800 metros el botsuanés Nijel Amos y el etíope Mohamed Aman, que se creían capaces de amenazar el reinado del keniano David Rudisha, plusmarquista mundial y campeón olímpico, y ni se metieron en la final.
A la espera de lo que haga Rudisha, otro que lleva años cotizando alto y podría darse un batacazo, las acciones de los kenianos del maratón y los 10.000 metros están por los suelos a raíz de sus fracasos.
En la prueba de los 42,195 kilómetros, la superpotencia del atletismo de fondo se presentaba con el vigente plusmarquista mundial, Kimetto (2h02:57), y el anterior hombre récord, Wilson Kipsang, y ni el uno ni el otro cruzaron siquiera a la línea de meta.
La derrota de la armada keniana en 10.000 metros no por habitual deja de ser sorprendente, puesto que un corredor solo, el británico Mo Farah, resistió todos sus ataques y les hizo morder el polvo con una última vuelta estratosférica.
El tartán de El Nido de Pekín también ha rebajado la cotización de Justin Gatlin, el líder de la velocidad mundial en los dos últimos años, que se había propuesto desbancar a Usain Bolt en los 100 metros y acabó derrotado, una vez más, por el jamaicano.
Gatlin perdió, pero al menos estuvo en la lucha -fue segundo a trece milésimas de Bolt-, algo que no puede decir su compatriota Tyson Gay, campeón mundial en Osaka 2007 y antiguo plusmarquista planetario.
Se sabe que Gay estuvo en la final sólo porque aparece en la clasificación, ya que el estadounidense no compareció por los puestos de cabeza y, por eso, sus acciones se han hundido.
Entre los valores españoles en la bolsa atlética de Pekín, el desplome más feo ha sido el de la plusmarquista nacional de 100 vallas, Josephine Onyia, que ni viajó por un supuesto positivo por dopaje, que sería el cuarto de su carrera.
Hablando de caídas, la más espectacular, por literal, fue la de la panameña Rolanda Bell, quien se fue de cabeza a la ría en las series del 3.000 obstáculos y dejó una de las imágenes más curiosas del campeonato.
En el tartán, como en el parqué, no todo tiene por qué ser números rojos, y aunque el Mundial ha visto algunos tropiezos sonados, a cambio ha revalorizado las acciones de atletas como Bolt o el eritreo Ghirmay Ghebreslassie, que ahora cotizan al alza tras llegar a Pekín en entredicho o siendo unos desconocidos.
Bolt acudió en horas bajas al campeonato, en parte por sus problemas físicos y en parte por el poderío que mostraba Gatlin, pero su oro en el hectómetro lo refuerza como el valor seguro que siempre fue.
Los 100 metros han disparado, asimismo, la cotización de atletas como el estadounidense Trayvon Bromell y el canadiense Andre de Grasse, dos jóvenes de 20 y 21 años que compartieron el bronce, así como el chino Su Bingtian, primer asiático en alcanzar la final.
Otro jamaicano, O’Dayne Richards, sorprendió en Pekín no por lograr una medalla (bronce), sino por su especialidad: el lanzamiento de peso.
Richards lideró el concurso durante cuatro rondas y demostró que los valores de Jamaica pueden destacar más allá de las pruebas de velocidad.
Entre las sorpresas, no hubo ninguna tan mayúscula como la que dio un eritreo de 19 años llamado Ghebreslassie, que corría en Pekín su tercer maratón, y se alzó con una victoria que ha disparado su cotización.
El murciano Miguel Ángel López no es precisamente una revelación, porque ya ganó el Europeo y fue bronce en los Mundiales de Moscú, pero el oro logrado en la capital china consolida su progresión y pone el valor de sus acciones por las nubes. EFE
