[Img #16312]Cada año se construyen en España 18.500 nuevas piscinas y en Europa fallecen o resultan con lesiones irreversibles por ahogamiento más de 5.000 personas, un peligro que podría mitigarse si las leyes de seguridad en las piscinas se adecuasen y unificasen.

Así lo ha defendido, en declaraciones a Efe, el presidente del Consejo Superior de Normalización y Seguridad Integral en Piscinas (CNORSIP), Cristián Bono Morello, que ha recordado el enorme coste económico que suponen los tratamientos de recuperación de las personas que sufren un accidente en una piscina.

Según datos de la CNORSIP, la expansión de las actividades turísticas, la diversificación del ocio y el creciente interés por el deporte y el bienestar (la natación como fuente de salud) han incrementado la afluencia, demanda y utilización por parte de la población de todo tipo de instalaciones acuáticas.

El presidente del CNORSIP, una entidad sin ánimo de lucro que tiene por objetivo normalizar, certificar y mejorar la calidad y seguridad en las instalaciones acuáticas, ha asegurado que la legislación vigente «está desfasada y es incapaz de abarcar los avances de la tecnología».

«Por tanto, la legislación se presenta como el primer obstáculo al hay que enfrentarse ya que no permite la evolución de este tipo de instalaciones», ha denunciado Bono.

Además, ha lamentado que «la legislación está dispersa entre comunidades autónomas, cuyos requisitos aparecen y desaparecen a voluntad de los legisladores, con lo que se ocasionan problemas de entendimiento graves y se ponen limitaciones al libre comercio en un mismo país».

Bono también ve mal que la ley delegue el cumplimiento de los requisitos de control y habilitación de piscinas en los ayuntamientos, «organismos que en su afán de cumplimiento, añaden más requisitos, cada cual los suyos, y dejan la función de inspección de las instalaciones acuáticas en manos de empresas que se limitan a requisitos especificados en la ley».

«Es el pez que no para de morderse la cola», ha señalado Bono, que ha criticado que «los proveedores de servicios y productos destinados a generar estándares de seguridad quedan totalmente excluidos de esa legislación».

El experto ha indicado que «los jueces, frente a accidentes en piscinas, no tienen referencias claras sobre el modelo de gestión y solo les queda ordenar un entendimiento entre las partes (aseguradora, directores de instalaciones y víctimas) para alcanzar un acuerdo económico, como si así se solucionara el origen del problema».

Actualmente, la legislación en materia de seguridad se limita a indicar algunos controles de parámetros de agua y ambientales, la necesidad de socorristas en algunas instalaciones y, entre los tramites de habilitación de las instalaciones, la necesidad de una póliza de seguros.

Para Bono, estos aspectos son relevantes «pero no suficientes, ya que solo actúan cuando ocurre un accidente, es decir, seguridad reactiva».

Por ello, el especialista ha apostado por tareas de concienciación, gestión de riesgos, accesibilidad de las instalaciones, formación cualificada y continua para todos los trabajadores, controles y adaptación de las actividades que se desarrollan en los recintos acuáticos según perfiles y riesgos.

«No es lo mismo controlar la seguridad en piscinas de un club de natación de deportistas de elite que hacerlo en piscinas de un parque acuático de uso masivo o en piscinas hoteleras», ha puesto como ejemplo.

Bono ha denunciado que «para hacer el problema más invisible, nos encontramos con que no hay datos estadísticos que permitan conocer la auténtica dimensión de unos hechos que se traducen en lesiones, traumatismos, enfermedades y muertes».

Ante esta situación, el presidente de la CNORSIP ha reivindicado que sea el Estado quien promulgue «normas y leyes» para acabar con la «dispersión y la falta de actualización legislativa en materia de seguridad en los recintos acuáticos».

Para Bono, esta situación legislativa también provoca que «la trayectoria del sector quede lastrada», aunque ha reconocido que hay una «vertiginosa evolución de la industria acuática» porque su uso ya no sólo es lúdico y deportivo, sino cada vez más terapéutico.

Por IUSPORT

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