En el Salón de Actos del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid tuvo lugar el pasado 30 de noviembre un Desayuno Jurídico atrayente: «Libertad de Expresión vs. Fútbol. A propósito del caso Fútbol Club Barcelona». Organizado por la Asociación de Derecho Deportivo de Madrid y la Asociación Española de Filosofía del Deporte fue presentado y moderado por Reyes Bellver, abogada y vicepresidenta de la ADDM.
Además, junto a María Teresa Nadal, diputada de la Junta de Gobierno del ICAM y responsable de la Sección, en el desayuno participaron la abogada Eva Cañizares, el periodista deportivo Ramón Fuentes y José Luis Pérez Triviño, profesor titular de Filosofía del Derecho en la Universitat Pompeu Fabra. Tres habituales y reputados colaboradores de Iusport.
A partir de tres imágenes, una referente a los pitos al himno de España en la pasada Final de la Eurocopa, las esteladas en el Camp Nou y una pancarta en el Campo del Sevilla, los citados ponentes desarrollaron su pronunciamiento sobre la libertad de expresión en el fútbol.
El iusfilósofo Pérez Triviño invocó el derecho de reunión más que el de expresión: todas las banderas son símbolos políticos. En función de si estas son mayoritarias, como ocurre en el Camp Nou, o no, estamos ante una cuestión de orden público ( o de falta de sentido común).
El Articulo 16 del Reglamento Disciplinario de la UEFA prohíbe -como recordó Ramón Fuentes- el uso de mensajes que no sean adecuados para un encuentro deportivo y particularmente la apología política. En España la utilización de este tipo de banderas no está específicamente prohibido. Ni en la ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia e intolerancia en el deporte; como tampoco en el Código Disciplinario de la Federación. Otro tanto respecto de los pitidos de la afición al himno de España. En la pasada Copa del Rey la Comisión Antiviolencia no pudo proponer sanciones directamente relacionados con ellos.
Coincidieron en la necesidad de que el sentido común se imponga en estas cuestiones y que se analice caso por caso, puesto que todos ellos son diferentes. Es lo que recientemente hace el Juzgado de lo Contencioso nº 19 de Madrid en sentencia que ya dimos a conocer en este Portal. En un Madrid-Barça de 2011 un aficionado portó y exhibió una bandera independentista catalana en el interior del estadio.
Fundamente la misma que teniendo en cuenta el lugar donde procedió a ejercer sus derechos constitucionales, “se reduce todo a una cuestión no de derechos sino de sentido común”. Critica la Juez el exceso de celo policial ante “la mera exhibición de una bandera” que no quedó acreditado que provocara desórdenes públicos, más allá de la falta de sentido común de portarla en un ámbito hostil y minoritario.
Este oportuno debate inspiró mi columna deportiva de esta semana. En la medida que permite su espacio emprendo un recorrido histórico sobre el uso de banderas e himnos en el deporte.
DE HIMNOS Y BANDERAS
Blas López Angulo
Durante la Exposición Universal de París de 1889 sonó la Marsellesa por primera vez al inicio de una exhibición de ejercicios atléticos. Dicho himno pasó a tocarse en cada encuentro de los equipos nacionales franceses. En las modernas olimpiadas las manifestaciones patriótico deportivas estuvieron unidas desde su reinvención. Los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896 inaugurados el día del aniversario del comienzo de la guerra de independencia griega fueron aprovechados por el Estado griego para reivindicar la isla de Creta, entonces en poder de Turquía. Un abogado británico que participó en aquellas pruebas olímpicas valoró el uso político de los Juegos como determinante de la guerra contra Turquía que estalló un año más tarde.
La celebración de la segunda edición del Mundial de Fútbol en la Italia de Mussolini constituyó una exaltación propagandística de su régimen, como dos años más tarde los Juegos de Berlín para Hitler. El COI agarrándose a la pretendida “neutralidad política del deporte” legitimó internacionalmente el régimen nazi.
En plena guerra civil el COI reconoció a un comité olímpico español con sede en Zaragoza en el bando franquista. La contienda aún estaba en tablas, pero el COI contravenía cualquier idea de neutralidad política.
Sabido es que en el periodo de entreguerras se exacerbó esa concepción instrumental del deporte al servicio del Estado por los regímenes totalitarios. Ahí radica el origen de la política deportiva del Estado franquista. Una vez finalizada la guerra la dirección del deporte en la “Nueva España” pasaría por el partido único, Falange Española (FET y de las JONS) a través de un decreto de la Delegación Nacional de Deportes que acogía en su seno el Comité Olímpico Español y la representación española del COI. No es necesario señalar que esta composición contradecía la reglamentación propia del COI, en cuanto que ni sus representantes ni los comités olímpicos nacionales podían integrarse en ninguna estructura estatal, pues se presumía su independencia. Bien sea inspirados por las Juventudes hitlerianas o por los balillas italianos, emulando el Dopolavoro (organismo fascista que “después del trabajo” velaba por el ocio y el deporte de los trabajadores), la actividad deportiva fue de las pocas que el Estado “nacional” cedió en exclusiva a la Falange. Los valores del deporte eran en consecuencia los del falangismo, de ahí la obligatoriedad de saludar a la romana al inicio de los partidos.
Para finalizar este breve periplo histórico llegamos a las Olimpiadas de la guerra fría y de los boicots. Las de Moscú en 1980 y las siguientes en Los Ángeles. Por primera vez se celebraban en la URSS. Nixon y Breznev como prueba de “distensión” habían llegado a esa entente, pero seis años después la invasión soviética de Afganistán provocó una escalada de tensión que los jóvenes de entonces recordamos por lo mucho que se hablaba de una posible tercera guerra mundial. El Consejo Olímpico Europeo recomendó acudir, pero sin banderas ni himnos. Hubo reacciones en pro y en contra. Gran Bretaña, Francia, Holanda, Dinamarca, Suecia, Suiza, Grecia, Austria e Italia decidieron participar en esas condiciones, compitiendo bajo los colores del COI, en lugar de los nacionales y sin más banderas que la bandera olímpica.
Así llegamos hasta hoy. Me parece bien que la UEFA prohíba la apología política, que se cante solo el himno o lo que sea de la Champions. Pero si de verdad se separa la política del deporte no más himnos nacionales ni banderas en el deporte. Que vuelvan las equipaciones blancas, el puro movimiento olímpico que pregonó el barón de Coubertin. ¡Ah! Y no hablaremos de esteladas ni de pitos a ningún himno.
