Jorge Valdano analiza en su columna de El País la grave crisis sanitaria que padecemos, y su incidencia en el fútbol, tanto en la práctica del mismo como en su seguimiento como espectáculo de masas.
De su columna extraemos los siguientes párrafos:
Dice Valdano: "Claro que se puede vivir sin fútbol, pero se vive peor. Yo lo aprendí muy pronto. No tenía más de cuatro años cuando me operaron de amígdalas. Cuando volví a casa, salí corriendo a un jardín al que mi imaginación había convertido en estadio. Los canteros de flores eran adversarios, la pared un generoso compañero que me devolvía la pelota y el muro del fondo la portería de la gloria. Pero mi madre interrumpió el partido para devolverme a la cama con una bofetada al grito de “¡hoy no es día para jugar al fútbol!”.
Y añade: "Poco después, una tía me vio jugando un partido de verdad con amigos y se acercó para decirme, con infinita dulzura, que “no era día para jugar al fútbol” y devolverme a la atmósfera adulta y abatida del velatorio de mi padre. Cuanto más fútbol menos peligro, esa es la cuestión".
"Razones suficientes para que esperemos su regreso con los brazos abiertos. Para disfrutarlo, para sufrirlo, para sentirlo en compañía. Se trata de nuestro espectáculo dramático por excelencia", concluye Valdano.
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